HIPERTENSIÓN ARTERIAL
INTRODUCCIÓN DE LA PATOLOGÍA
La hipertensión arterial constituye el principal factor de riesgo cardiovascular modificable a nivel mundial, incrementando significativamente la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares y renales, y siendo responsable de una altísima tasa de mortalidad prematura. 3 A menos que se evalúe y se trate a tiempo, el daño a los órganos diana mediado por la hipertensión (DOMH) puede progresar de forma asintomática hasta resultar en eventos fatales, como infartos de miocardio, accidentes cerebrovasculares o insuficiencia renal. 1, 2
Epidemiología y fisiopatología
A nivel epidemiológico, la HTA afecta aproximadamente al 33% de los adultos de entre 30 y 79 años en todo el mundo, y la carga global de la enfermedad se ha duplicado pasando de 650 millones de afectados en 1990 a 1.300 millones en 2019.2 En Latinoamérica, la prevalencia varía ampliamente entre el 18% y el 62% dependiendo del país evaluado; sin embargo, en toda la región las tasas de concienciación, tratamiento y control efectivo de la enfermedad continúan siendo alarmantemente bajas. 4, 5 La fisiopatología de la HTA es compleja y multifactorial, involucrando una interacción entre la predisposición genética y factores ambientales o conductuales, tales como la alta ingesta de sodio dietético, bajo consumo de potasio, obesidad, sedentarismo y consumo excesivo de alcohol.1,6 Estos factores de riesgo desencadenan mecanismos fisiopatológicos sistémicos que incluyen alteraciones hemodinámicas por sobrecarga de volumen, activación neurohumoral sostenida (como la hiperactividad del sistema nervioso simpático y del sistema renina-angiotensina-aldosterona), e importantes anormalidades vasculares dadas por la disfunción endotelial, el estrés oxidativo y el aumento de la rigidez en las grandes arterias. 1,6
dIAGNÓSTICO
El diagnóstico preciso de la HTA se debe basar en múltiples mediciones y no en una toma aislada, utilizando como umbral tradicional una presión arterial en el consultorio ≥ 140/90 mmHg, un estándar respaldado tanto por la Guía de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) 2024 como por el Consenso Latinoamericano de 2026. 4 Para un diagnóstico más certero, se recomienda enfáticamente confirmar estos valores en el consultorio mediante mediciones fuera del mismo, utilizando el monitoreo ambulatorio de la presión arterial (MAPA) o la automedida de la presión arterial en el domicilio (AMPA), lo cual es crucial para descartar fenómenos como la hipertensión de “bata blanca” o la hipertensión enmascarada. 1,4 Una vez establecido el diagnóstico, la evaluación inicial obligatoria debe contemplar un examen físico completo, análisis de laboratorio de rutina (creatinina sérica, tasa de filtrado glomerular, perfil lipídico, electrolitos, glucosa o hemoglobina glucosilada y análisis de orina), además de un electrocardiograma de 12 derivaciones. 1 Estas pruebas son esenciales para estratificar con precisión el riesgo cardiovascular del paciente y detectar de manera temprana el daño orgánico mediado por la hipertensión (DOMH). 1