DOLOR POSTQUIRÚRGICO
El dolor agudo postoperatorio se define como aquel que aparece en el paciente después de un procedimiento quirúrgico o relacionado con la enfermedad previa y sus complicaciones o asociado a drenajes o sondas, o una combinación de todas las anteriores. El control eficaz del dolor, junto con la movilización y la nutrición oral precoz, son parámetros de calidad asistencial que se relacionan directamente con la disminución de las complicaciones postoperatorias y la reducción de la estancia hospitalaria. Cuando el dolor posoperatorio agudo no se maneja adecuadamente, puede cronificarse y ser de difícil control, causando disfunción, discapacidad, depresión y una disminución de la calidad de vida del paciente, retrasos en el alta y aumento de los costes sanitarios.
La duración e intensidad del dolor postoperatorio es variable según el tipo de cirugía y las características clínicas del paciente. Sin embargo, la prevalencia del dolor postoperatorio sigue siendo muy alta, a pesar de que el dolor postoperatorio sigue una trayectoria relativamente predecible (es más intenso en el postoperatorio inmediato y se reduce hasta su desaparición a medida que el tejido cicatriza) y de que existen grandes avances técnicos en los procedimientos quirúrgicos y anestésicos y que se aumentan las múltiples y sólidas evidencias de un amplio grupo de fármacos y técnicas usados para mejorar la analgesia. En términos generales, el 80% de los pacientes operados sufren dolor agudo después de la cirugía, y el 86% de ellos con una intensidad moderada o grave. En el caso de la cirugía ambulatoria y de corta estancia, el dolor suele aparecer después del alta. El 40% de los pacientes sigue reportando dolor moderado a grave en las primeras 24 horas, y el 25% necesita contactar a un profesional de la salud por un tratamiento ineficiente, lo que es la principal causa de reingreso y fracaso del procedimiento ambulatorio.
El dolor agudo postoperatorio mal controlado puede:
- Elevar la frecuencia cardíaca, incluso causar taquicardia y reducir el flujo sanguíneo, lo que provoca isquemia cardíaca al demandar más oxígeno del que el cuerpo puede suministrar.
- Provocar una respiración superficial, que puede derivar en atelectasia, hipercapnia e hipoxia, favoreciendo la aparición de neumonía.
- Retrasar la deambulación, favorecer el tromboembolismo, dificultar la recuperación y prolongar la rehabilitación del paciente.